Las mascotas adoran y necesitan jugar

Diversos estudios científicos sobre la interacción entre seres humanos y otros animales resaltan la importancia del juego. Tanto los seres humanos como nuestras mascotas nos caracterizamos por jugar durante prácticamente toda la vida. El hecho de que, aún después de alcanzada la edad adulta, las personas y las mascotas sigamos teniendo ganas de jugar es un elemento importante que hace de nuestra relación algo muy especial. Al igual que las personas, los perros y los gatos necesitan relajarse y divertirse para crecer y desarrollarse correctamente. Aunque el juego pueda resultar emocionante y divertido, debemos recordar que nuestras mascotas también necesitan supervisión y tienen que aprender las reglas del juego. Debemos dejar claro a nuestras mascotas, especialmente a los perros, cuándo es momento de jugar y cuándo no. Un perro excitado puede llegar a perder el control, y el descontrol puede conducir a un comportamiento agresivo.

Los perros necesitan jugar

Para los perros, el juego es una parte importante del proceso de adiestramiento. Además, los juegos interactivos pueden consolidar el vínculo entre usted y su mascota.

Los perros aparecieron en la Tierra hace millones de años y durante la mayor parte del tiempo vivieron en un entorno salvaje. Al igual que todo animal salvaje, debían valerse por sí mismos. La manada era la clave de la supervivencia. Los perros salvajes cazaban en manada para dominar a sus presas y protegerse entre sí de los depredadores más grandes. Pero llegó un día en que las personas nos percatamos de que los perros podían domesticarse para realizar trabajos como reunir y proteger el ganado. Recientemente, nos hemos dado cuenta de todos los beneficios que aportan los perros a nuestras vidas, desde la protección y el ocio hasta la compañía. Hoy en día, muchos perros forman ya parte de un núcleo familiar. Sus dueños los consideran miembros de la familia y, para el perro, la familia humana se ha convertido en su manada.

A pesar de la reciente domesticación del perro, este conserva intactos sus instintos básicos. Los perros son depredadores, carroñeros y oportunistas. Están programados genéticamente para cazar su propio alimento. El rastreo por la encimera, el registro del cubo de la basura, la mendicidad en la cena, las excavaciones en el jardín y el mordisqueo de muebles son el resultado de un carroñero oportunista que se adapta a su entorno. A menudo, estos se consideran problemas de conducta, cuando, en realidad, son una simple muestra de que ser un perro implica comportarse como tal.

Prácticamente, todos los comportamientos más comunes nacen del instinto: ladrar, excavar, marcar y morder. Todos ellos cumplen una función diferente en el medio salvaje. Cuando los perros atacan e intentan desgarrar algo, o cuando agitan fuertemente un objeto inerte, están siguiendo sus instintos de someter a su presa para comer y sobrevivir. Cuando se lanza una pelota a un perro, lo que parece un juego es, en realidad, el instinto natural de caza.

Los perros se frustran cuando de forma constante se les impide satisfacer sus instintos naturales. En lugar de combatir dichos instintos o castigar al perro por hacer lo que para él es algo normal, resulta mucho más productivo encontrar maneras admisibles de satisfacer dichos instintos. El juego sano puede influir en nuestros perros de muchas maneras. La forma de jugar de su perro puede influir en su desarrollo físico y mental, en sus emociones y en su conducta. Los juegos que implican buscar, arrastrar y perseguir satisfacen las necesidades instintivas del perro, además de consolidar el vínculo entre este y su dueño. El juego ayuda al perro a liberar el exceso de energía, algo sumamente importante para conseguir una conducta adecuada. Los perros necesitan jugar para poder sentirse equilibrados y felices.

El juego es imprescindible, ya que un perro aburrido encontrará algo que hacer y, muy a menudo, esto significa mordisquear hasta destrozarlo todo. Este problema puede corregirse fácilmente si se le dan al perro juguetes apropiados para morder. Los dueños de perros llevan más de 35 años usando productos KONG para minimizar comportamientos inadecuados y entretener a sus peludos amigos. Los KONG son resistentes juguetes para morder cuyos botes irregulares estimulan los instintos naturales de caza del perro. Cuando el perro atrapa el KONG, la goma natural puede ser sometida a varias horas de masticación, satisfaciendo así su necesidad de perseguir y morder.

Sin embargo, no todos los perros tienden automáticamente a masticar un KONG. Muchos expertos recomiendan rellenarlo con comida. Los perros se interesan enseguida por lo que hay en su interior y les supone un desafío averiguar cómo conseguir sacar los bocados. Los juguetes rellenos de bocados son estupendos para captar la atención de un perro en un primer momento y reforzar buenos hábitos a medida que va mordiendo el juguete.